Hace algún tiempo llegó a mí un email en el que se mostraban fotografías de una exposición realizada por el artista costarricense Guillermo Vargas. Hasta aquí nada suena raro, sin embargo el contenido de sus fotografías, y aún más la forma en que este "artista" tuvo de exponerlas es escalofriante. Y es que en ella aparecía, en una esquina, un perro atado, totalmente desnutrido. El público visitaba las instalaciones, y parecía no importarles el estado del pobre animal. Finalmente, el perro murió de hambre atado en aquél rincón.

El autor de esta macabra exposición señaló:

“Me reservo decir si es cierto o no que el perro murió. Lo importante para mí era la hipocresía de la gente: un animal así se convierte en foco de atención cuando lo pongo en un lugar blanco donde la gente va a ver arte pero no cuando está en la calle muerto de hambre. Igual pasó con Natividad Canda, la gente se sensibilizó con él hasta que se lo comieron los perros".

“Nadie llegó a liberar al perro ni le dió comida o llamó a la policía. Nadie hizo nada”.

A la pregunta de por qué no había utilizado otro medio de expresión, el autor señaló:


“Recojo lo que miro... El perro está más vivo que nunca porque sigue dando qué hablar”.

Me niego a mostraros una de esas fotografías, pero si alguno de vosotros no las vió y tiene interés:

- "Un "artista" mata de hambre a un perro en una exposición".

- "Artista tico envuelto en polémica por muerte de perro en obra".

Comencé con este caso, pero la polémica entre hasta dónde llega la ética en la fotografía esta servida en varios campos, o desde distintos enfoques. Otro caso, que según mi opinión no puede comparse al anterior, es el de la mano arrancada en los atentados del 11S, fotografiada por Todd Maisel. Sin entrar en si es ético o no hacer esto, la diferencia reside en que la primera provoca la muerte del perro para llevar a cabo un trabajo fotográfico totalmente inmoral, y la segunda lo que hace es mostrar al público las consecuencias de un atentado que ha tenido lugar.

Esto último me recuerda a aquél artículo escrito por Robert Fisk (periodísta del diario "The Independent"):

""Sólo para documentarlo", me dijo el camara. Claro. Porque ITV jamás mostraría tales imágenes. Las cosas que veíamos -la inmundicia y obscenidad de los cadáveres- no puede mostrarse. En primer lugar porque no sería "apropiado" enseñar esta realidad por televisión a la hora del desayuno. En segundo lugar, porque si la televisión la mostrara nadie volvería jamás a respaldar la guerra".

"...Me topé con una joven que abrazaba a un hombre de mediana edad. Estaba muerto. "Mi padre, mi padre", lloraba abrazando su cara. No tenía uno de los brazos ni una pierna. Los israelíes habían usado bombas de proximidad que producen amputaciones. Pero cuando esta escena llegó a las pantallas de televisión europeas y estadounidenses la cámara hizo un acercamiento sobre la cara de la muchacha y del muerto. Las amputaciones no fueron mostradas. La causa de la muerte fue borrada en aras del buen gusto. Era como si el hombre hubiera muerto de cansancio; con la cabeza apoyada sobre el hombro de su hija para morir en paz".

Podeis leer el artículo completo:

"¿Sabrá Tony cómo son las moscas cuándo deboran cadáveres?".

Otro caso relacionado es el de la fotografía realizada por Kevin Carter, en la que se ve a una niña sudanesa acechada por un buitre. El fotógrafo estuvo 20 minutos esperando a que el buitre hiciera algo, y cuando se cansó de esperar dejó a la niña allí, y se fue.

Esta fotografía fue premiada con un premio Pulitzer. Seguramente al autor le preguntaron muchas veces por qué no hizo nada por la niña, quizás sea ese el motivo por el cual el autor aseguró odiar esa fotogografía. Sin embargo... ¿Es moral anteponer un trabajo a una vida?, ¿Sirvió de algo esta fotografía...?