La verdad es que hacía tiempo que no pasaba cinco días seguidos en mi verdadera casa: la de mis padres, la de mi abuela, la de mi hermano. Los dos o tres primeros días sufrí una readaptación un poco dura, y digna de cierto desquicie. Sin embargo, el final fue otra historia. Volví a vivir muchas cosas olvidadas, y viví cosas nuevas también. Es una vida pausada, pero, al mismo tiempo, en continua acción.

Tuve tiempo de irme de excursión con mi madre, la primera verdadera entre las dos en mis 24 años de existencia. Recorrimos el concejo de Coaña: visitamos los Castros, tres o cuatro lavaderos-fuentes restauradas de alrededores (camino de Meiro, Jarrio…), el Mirador del pico de Jarrio. Que descubrimiento (a menudo re-descubro que no conozco ni los alrededores de Villayón). Ortigueira y el precioso faro. Aquella estatua de aquel “tipillo” (como dijo en cierta ocasión una amiga mía: “¿Qué era Psístrato? ¿era un filósofo, no? “no, no…” “¿Qué era entonces?” “Nada, nada, era un tipillo normal…”). A repostar a Navia, y vuelta por Boal. Antes de llegar, parada en Porto. Interesante “embarcadero de semi-madera”. Una excursión interesante, y muchas fotos. Alguna discusión también: “Home nena! Esta fonte teis que sacarla desde aquí…!! No, no, ahí tas mal…ahí nun se ve el lavadero!”, “Calla mamá, calla!! Tas tu mirando por a cámara? Tas viendo lo que veo yo??”, “Bueno, bueno…!”.

 

Vista de Navia desde el "mirador pico de Jarrio".

 

También tuve tiempo para volver a darme una vuelta por la escuela, con cierto miedo a que el viento desmesurado terminara por desplomar el techo, y lo peor de todo: que me pillase a mí debajo. Es así de triste, a ver si el alcalde de Villayón, reinvierte algo del plan E en la escuela de Loredo, que está a “una ventarida” de venirse abajo, y deja ya quietina la de Ponticiella, “que ya ta muy guapa”. Anda que no quemé leña, en aquella cocina no faltó el calor.

 

 

 

Impresionante ventana cubierta de hiedra.

Lluna, la nueva compañera de mi padre, y mía también: de la familia entera. Creo que fue una mala imagen la que atravesó mi retina, pero desde luego esa experiencia vivida en carne y hueso supera cualquier imagen atroz. Un mal momento de mi pequeña (que ya no lo es tanto), un tropezón, un enredo…y a escasos segundos de cortar el hilo de vida. No es dramatismo, es realidad. Aprovechaba para ir a darle un “trocín” de pan de vez en cuando. Como toda yegua que se precie le encanta el pan.