"Vengo a robarte la siesta con la manilla del desván, con toses de carretero, vengo vendiendo cal. Y es que traigo colmo en los cajones, de hollín de mis pulmones, de agujas de tejer…chispas del cruzar de cables, de ojitos miserables que no quisieron ver…

Vengo de trenzar esparto para la reja de un penal, despeinando a la tristeza, que está “recién pintá”, y es que guardo su lamento, quedó goteando, entre los dedos, en cántaros de cinc…y en zurrones de miseria, bombillas de la feria, perfume de alperchín.

Y me voy con la camisa rota, porque me he hecho una bandera con guirnaldas de guijarros, plumas de palomas negras. Que el verso que le dí al aire, muere de cualquier manera, y, en el cielo de tu boca, se lo comerá la niebla.

Vengo a herrar a las orugas para, después, condecorar a las abejas que no venden la miel de su panal. Y es que traigo nubes de rabieta, que inunden las macetas de ganas de encallar, lagrimitas traicioneras, tiñendo las bañeras...cuchillas de afeitar" (Letra Marea).

Y esta palabra, este papel escrito por las miil manos de una sola mano, no queda en ti, ni tampoco sirve para sueños. Cae en la tierra y allí se continúa, pero no como una mera palabra, ni papel escrito, sino como una sucesión de sonidos del corazón, llámalo música si quieres…

Y cuando la música se termina, nosotros, los bailarines, nos miramos como si estuviésemos desnudos, y ahí decidimos si merece la pena seguir tocándose, o si simplemente fuímos meros objetos, en el infinito equilibrio universal de los planetas.

(Kutxi Romero).

Verano con banda sonora.